Colombia

Continente
Fechas del viaje
05 Nov 2004 - 22 Nov 2005
Crónica del país

LOCOMBIA

Un gran y buen país este. Aquí los Andes se dividen en tres cordilleras, y nosotros rodamos por la central y la oriental, buscando acabar en las costas caribeñas. Las montañas se hacen más verdes y boscosas, dejando atrás muchos meses rodando en altos páramos de paisaje más sobrio. Y se nos acabaron los Andes, snif, snif. Una línea contínua de más de 7000 km de montañas. De lo mejor del mundo mundial. Empezando por la Patagonia y acabando en la verde Colombia, ahí es na’. Le ponemos a esta travesía cinco luceros.

En la loca Locombia cambió un poco mucho la alineación del equipo de los bicicletos. Contamos con la incorporación de una nueva ciclista, Crisa, que cambió sus planes de rodar el Perú para unirse a Juli en la ruta. Y se separó la “pareja más estable” del grupo. Tras más de cinco años pedaleando juntos, Josetxu y Juli se separaron. Josetxu se quedó sin plata y se puso a currar en Quito, mientras Juli le dejaba “con otra”. Fue un bonito culebrón. Luego de despedida, Pepe bajó de Vancouver y Josetxu subió de Quito y nos juntamos con el Juli en Santa Marta, para una parranda de unos pocos días de clausura del viaje de Juli. Luego cada mochuelo a su olivo, Juli de vuelta a Madrid, Pepe al Canadá y Josetxu al Ecuador. Tras una parada de 8 meses currando y de visita a la amatxu, Josetxu siguió la ruta locombiana.

Desde que Bolívar consiguió la independencia, Colombia no ha tenido más que un dictador militar unos pocos meses, lo que es una gran excepción dentro del panorama latino. Eso sí, nunca faltó el plomo, la chumbimba... Hubo violencia en los 50 entre liberales y conservadores, en los 90 entre narcos, ahora con paracos y guerrillos. Y eso que beben de los mejores cafés del mundo. Quizás sea por eso. Ahora vuela la sombra del águila del norte sobre Locombia, metiendo dólares al Plan Colombia y a la solución militar del conflicto. El diálogo cada vez más chiquito, qué pena. Eso sí, la intención de voto para la reelección de Uribe era de más del 80%. Y es que la gente está hasta los…

A pesar de todo, creemos que es necesario dedicarle un elogio a este país tan bonito y con gente tan bacana, y animar a tod@s a visitarlo y pedalearlo y disfrutarlo como hicimos nosotros y muchos más. La situación política actual es complicada pero no excluye a los amantes del ciclismo pesado. Viva Locombia, pues.

Entrando

Entramos por Tulcán (Ecuador), por la panamericana. El control es un poco tortuoso: piden pasaje de regreso, ven la bicla con desconfianza ... Así que toca echar lengua para convencerlos de que vas de paso a Venezuela y necesitas 90 días de permiso. Aquí es también donde se debe realizar los cambios de dólares a pesos, es el lugar indicado y el que más favorece en el cambio.

Tras la cuestita a Ipiales nos dirigimos al primer plato fuerte: el alto “La Cova Negra” que está en la mitad del camino entre Ipiales y Pasto. Muy cerca está el santuario de la Virgen de las Lajas al que por supuesto no fuimos. La primera población que te encuentras luego en el camino es San Juan; el típico lugar de paso, donde la gente para a comer y los camioneros se pegan los tragos. Lúgubre. Luego de San Juan está el pequeño caserío La Delicia y a partir de ahí, el pedaleo es en solitario porque no hay mayor cosa sino cuesta y montaña. El viento te hace compañía. Durante los 45 km. la cordillera empieza a sentirse pero al compartirla con ciclistas colombianos de diversas edades, aficionados y de competencia, las cosas se hacen más suaves y lo mejor de lo mejor es que muchos de ellos son ya de edad y tienen un físico que te cagas. Con ese físico y sus ciclas de ruta conversan un rato y arrancan, en fuga como Botero en el tour de Francia.

Después del alto a tirar para abajo. Te encuentras con los nombres de Borojó y Tunga, que suenan a bebida, placer y rumba. Hay viento y a veces muy fuerte. Hace frío y se ve la resequedad del monte. El musgo cuelga de las montañas. La carretera es estrecha y los automóviles, buses y demás atentan como siempre contra cualquier otro vehículo que no tenga carrocería. Pasto está en un pequeño valle, donde el sol se esconde siempre. Su arquitectura es simpática en el centro. La plaza es grande y a su alrededor están los mil bancos y los mil casinos. La calle principal está llena de todo tipo de mercadería. Si algo te falla en la cicla, es el lugar para obtener el repuesto y arreglarlo.

Pasto – Popayán

Después de sentir el frío del páramo y la pesadez diurna de la niebla pastuza, te subes una cuesta y sales del frío valle. Entonces desciendes un bosque lindo, al que siguen con montañas rojizas donde pega el sol y te parte la cabeza. Nos costó llegar. Atravesamos tres túneles y finalmente supimos que estábamos al otro lado. Se aplica la ley de la gravedad. Lo bueno de Colombia es que en las tales montañas siempre hallas agua y encuentras que se riega de grandes mangueras.

La temperatura va en aumento y más cuando nos aproximamos al encañonado del río Patía. El Patía se ve ondulante y fresco bajo las gigantescas quebradas. “Caucanízate” nos anuncian grandes rótulos en la vía y la jerga, el lenguaje coloquial se escribe en la propaganda. El guarapo (jugo de caña de azúcar) con jugo de limón nos revive y nos reviven aun más los encuentros, esta vez con una morena muy linda, amable y risueña, madre de un bandido chiquitín parecido a Kiriku. Por esta área abundan las poblaciones afroamericanas. Columpios rompe-piernas y vehículos pesados que te echan todo el humo en los bronquios son la parte tortuosa del viaje. Subir, bajar, bajar, subir. Esconderse y asomarse hasta llegar al Bordo. Gasolineras, lavaderos de autos, iglesia y lugares de comida con un aire de costa. Ruido y estridencias. Pero dentro del caos siempre la hospitalidad.

En Popayán con Mauricio

Muy cerca de Popayán se encuentra Timbío. Normalmente acostumbramos a hacer una parada antes de llegar a ciudades grandes para entrar a ellas por la mañana. Bueno esta vez, la primera en el camino, nos cogió la lluvia y también el control militar. Nos revisaron por encima, pero nada del otro mundo. Las carreteras colombianas en general, con la política de seguridad de Uribe se encuentran militarizadas, especialmente en lugares conflictivos.

Popayán, capital del Departamento del Cauca, es la ciudad de los intelectuales, de las universidades, de la blancura y del puente del Destripadero o del Humilladero. Este puente es un símbolo digno de ir a verlo, primero por su arquitectura en piedra y segundo por su significado, pues es allí donde en época de la colonia se latigaba a los indios.

El parque central es más acogedor. Es la primera bienvenida, el lugar donde la gente se te acerca y te hace preguntas, donde están los viejitos leyendo, las prostitutas descansando, los niños correteando, los vendedores vendiendo y los ciclistas esperando a los ciclistas. (Mauricio y Juancho) También el señor de las fotos y eso. Tiene ese aire de antes que descansa bajo la sombra de los árboles. Popayán desempeñó un papel importante en época de la colonia, fue un sitio estratégico por encontrarse en el camino entre Cartagena, al norte, y Quito y Lima al Sur. Para nosotros también fue estratégico por encontrarse entre el frío de Pasto y el calor insoportable de Cali, así que ahí paramos a descansar, un lugar ideal por el aire fresco y la tranquilidad. Y todo gracias a la hospitalidad de Mauricio y su familia.

En los alrededores de Popayán puedes visitar la cultura precolombina de San Agustín, en las orillas del Alto Magdalena, departamento de Huila. La riqueza y expresividad de sus esculturas es impresionante: estatuas, tallas de piedra, sarcófagos, monolítos y petroglifos con representaciones humanas, animales y de seres míticos. Visita recomendable y muy interesante de hacer en bicla, aunque nosotros fuimos en bus, pues hay termas y unos páramos preciosos por el camino.

Popayán – Armenia

135 km hasta Cali. Son columpios al salir de Popayán y luego de unos 80 km, una extensa planada cañaveral en la que por primera vez Crisa experimentó ir delante a todo pedal. Muy bonita al comienzo y luego algo monótona. Cali es una rumba, especialmente si está de fiesta. Bueno en general Colombia es una rumba este o no esté de fiesta y más en las épocas navideñas que fueron en las que nosotros viajamos: todo estaba prendido. Y tómenlo literalmente porque las luces y arreglos navideños son característicos de Colombia. Hay una especie de vehemencia por enlucir todo y acrecentar la cuenta de la luz de los colombianos. Bueno, una expresión magna de la navidad.

Se empezaron entonces a cumplir los decires de las canciones: “Cali, pachanguero, oiga mire, vea, véngase a Cali pa’ que vea y aquel de que en Cali no hay feas. Cali es la capital de la salsa y es también la cuna del buen teatro colombiano. Aquí nació Enrique Buenaventura, uno de los viejos teatreros con una gran trayectoria en este arte, el padre del teatro experimental, quien fundó el TEC. La actividad cultural aquí es notoria, hay exhibiciones artísticas constantes, exposiciones y teatros permanentes, cuenteros por doquier…

Hasta Armenia quedan 195 km. Salir de Cali fue difícil por que todas las calles se parecen y los puntos de referencia son pocos. Nos demoró también en la salida la compra de la benzina para la cocina. Para poder comprarla tuvimos que sacar copias del pasaporte y todo. Salir estuvo lleno de este tipo de sorpresas: primero lo de la benzina, y luego el olor insoportable de Yumbo por la contaminación industrial. Incontables cabarets, moteles y demás jalonan la carretera, algunos. con unos nombres muy graciosos: las veraniegas, las gatitas... A lo largo de la carretera “panorama” encontramos graffitis en contra de la Nestlé. De Buga hacia Andalucía una pequeña subida y un calorcito fuerte, extenuante. 110 km. de rodar a tope, con ganas de parar. En el camino mucha chiva, leche de chiva y lechones “al piso”. El fin de año se acercaba en ese momento y nuestros queridos marranos son parte del festejo.

En Armenia con Gonzalo “el perro”

Armenia nos esperaba y con esa certeza de tener a alguien que nos recibiera a la entrada del Quindío pues íbamos relajados. Este tramo es muy bonito, el paisaje es maravilloso, el verde en todas sus facetas, el aire más puro, y el clima templado, el cielo azul, árboles gigantes y floridos, guaduales, bananos, cafetales, flores amarillas y tomates. Armenia es la capital del Quindío y fue un lugar estratégico para el comercio de los quimbayas. La belleza aquí enmudece y no hay palabras para describirla, no se diga la calidez de la gente. Podemos decir que en Armenia se conjuga todo lo que es Colombia, desde la culinaria, la estética, la rumba, la cultura, y la magia. La palma de cera, la planta nacional colombiana, se encuentra bien conservada en el próximo valle de Cocora. Esta región conjuntamente con Caldas y Risaralda forman el “eje cafetero”, y producen la mayor parte del café nacional, principal producto de exportación del país.

Cuando estuvimos aquí era época de fin de año, así que había marrano en todas sus formas, aguardiente “a la lata” como dicen los colombianos, cerveza, ron, natilla, buñuelos y no puedo seguir enumerando la cantidad de manjares que probamos aquella vez. Y de los rituales estos de fin de año pues todos los que puedan imaginar: la tanguita de color amarillo para la buena suerte, la vuelta de la maleta para viajar; las velitas de colores, la espiga de trigo, las lentejas en el bolsillo del pantalón, el arroz, las uvas y la carta..., despedida del año.

De los años de violencia entre godos y conservadores pudimos enterarnos también a partir de una historia local de la creación del Cementerio libre en Circasia. Simbólicamente representa mucho, pues en él, su creador depositó sus ideales de libertad y llevó adelante una lucha en contra de la iglesia para instituir un lugar donde se pudiera sepultar sin religión, credos ni prejuicios de ningún tipo. Así, en esa época, los suicidas, las prostitutas y homosexuales tuvieron un lugar donde poder descansar. Para ser coherentes con la vida, en el cementerio libre se enterraba a la a los muertos parados, en forma vertical: pues si así nacimos, decían, parados tenemos que morir.

Armenia – Medellín

Son 266 km. Fue duro decirle adiós a Armenia y su gente, pero así, llenos de abrazos como estábamos pudimos partir. Teníamos 54 km. por delante pues en Santa Rosa del Cabal era nuestra siguiente parada. Cominos bajo el viaducto de Pereira, el lugar más peligroso según todo el mundo pero a su vez el lugar donde encontramos una planicie cubierta, donde un submundo de “desechables” nos acogió también. De Pereira en adelante está la subida del Boquerón, de apenas 10 km pero de fuerte desnivel. Hacía calor, habían miles de autos y buses en la vía y sí que hizo sudar. La verdad es que nos hubiese gustado mucho quedarnos más días aquí, especialmente por Fabio y Cristina que nos acogieron en su casa, pero también por los frailejones de su páramo y las aguas termales.

Valió la pena subir, así pasa siempre. Y después de subir, bajar como balas y rebasar a las grandes mulas. Fue divertido. Las gafas sirvieron de mucho y también los frenos. La vía no es tan buena y tiene “n” baches que toca esquivar.

Hicimos la primera parada en la Pintada, al lado de un lavadero de carros en el que nos tocó dormir. Soportamos ruidos de camiones toda la noche y ese tronar apacible del Cauca, que a decir de Fernando Vallejo es un río demasiado malgeniado y torrentoso. Todo un señor río “arrastracadáveres”. El segundo tramo lo hicimos de La Pintada a Montenegro. El paisaje es alucinante. Están los farallones y luego las ensenadas y las dos quebradas profundas inundadas de cafetos. Fruta por todo lado y agua, otra vez agua. En Montenegro paramos por una pequeña llovizna. Otra vez fuimos acogidos por niños y escuchamos la historia de un ciclista alemán que algún día también pasó por ahí.

La ciudad de la eterna primavera estaba cerca, pero delante el Alto de la Mina y sus. 42 km. De pedalear en plato chico y de añorar el agua. Probamos las más ricas piñas, las naranjas más dulces y los mangos más refrescantes. Para esto ya sabíamos distinguir perfectamente el sonido de los buses, de los autos y de las mulas, así que no hubo tanto problema. Hicimos cumbre y empezamos a sentir frío. Un café fue necesarísimo. Y de ahí el descenso y una pequeña subida para entrar a Medallo, el lugar donde Colombia se transforma en Locombia.

En Medellín

Medallo, Metrallo, Metrallín. Recomendamos leer antes “El Contrasueño” de Carlos Sánchez Ocampo, “Rosario Tijeras” de Jorge Franco, y “La Parábola de Pablo” de Alonso Salazar. Bueno saber que Medellín le espera a uno es suficiente para pedalear con alegría a pesar del gran alto que toca atravesar. Medellín es la capital de Antioquia y reposa en el valle de Aburrá, donde el sol encontró su estado de perfección. No sé si a eso se deba la inteligencia de su gente, pero la verdad es que aquí se siente la viveza en el buen sentido de la palabra, la palabrería, en el buen sentido de la palabra, la algarabía y la alegría, todo lo terminado en ía. La Bastilla es un comercio de tres pisos donde puedes encontrar los libros usados que hemos comentado.

En Medellín tienes todo, desde cine hasta las gordas de Botero en el parque Berrio. La Casa de la cultura, museos, iglesias...., pero el sub-mundo, la rumba, la bohemia, el arte en todas sus expresiones es lo propio de este antro. Solo súbete al metro, bájate en Berrío y camina un poco al Parque del Guanábano, compra una birra y disfruta. Si te quedan ganas de caminar otro poco vé a San Antonio donde se encuentran los pájaros de Botero, uno de ellos destruido por un atentado y su réplica donada por el autor. Recorre Guayaquil con algo de cuidado y visita si es posible el cementerio de Montesacro, donde reposa Pablo Escobar. Toma un bus y sube a Santa Elena si quieres frío, rock, ska o  algo alternativo. Y si prefieres la salsa, el tango, la cumbia o el vallenato, en el centro y sus sitios tradicionales verás fotos del joven Gardel y remembranzas a los grandes músicos colombianos. No decimos más.

Tras los momentos intensos, las despedidas ligeras, Juli sigue hacia la costa y Crisa se regresa a Quito. No sabemos donde ni cuando volverán esos abracitos…

Saliendo.

Josetxu siguió casi un año después la misma ruta, y en Medallo se junta a un grupo de ciclistas de Santa Rosa del Cabal que iban hasta la costa caribeña con coche de apoyo. Alforjas fuera y a rodar como posesos por las últimas pendientes de los Andes. El primer día fueron 130 km de montaña hasta Yarumal. Pasable. El segundo subimos el Alto de la Ventana y vemos como la cordillera central andina cede altura y comienzan las tierras calientes. Ese día fueron 165km, de los cuales rodamos a una media de 35-40 km/h como 100. Demasiado para un bicicleto. Las últimas horas me desmarco del ritmo trepidante y paseo por las riberas del río Cauca escuchando musiquita y parando a ratos.

El tercer día sigue el ritmo desbocado y sólo aguanto un par de horas. La etapa son 150 km y me descuelgo rápido. El cuarto día llegamos a Sincelejo y mis compañeros de ruta se desvían hacia la costa mientras que yo sigo hacia Mompox. Mompox es una joyita colonial a orillas del río Magdalena. Allí se contabilizaba todo el oro y la plata que se extraía del interior y bajaba por el río. El Magdalena cambió su curso y ahora se encuentra en una isla. Un buen sitio para relajarse y no hacer mucho.

De vuelta a los pedales en dos días llego a Cartagena, una ciudad ya muy grande, que alberga un antiguo casco colonial de los mejores de toda Latinoamérica. Su clima caribeño le avala como primer destino turístico del país, tanto nacional como extranjero, así que esperaros cualquier cosa. Tras recibir la acostumbrada falta de colaboración por parte del Centro Cultural Español, me dispongo a saltar a Centroamérica. Muchos yates deportivos realizan la travesía a las islas de San Blas, en Panamá. Pocos llegan a Portobelo, donde ya hay carretera para pedalear. Yo encontré uno de estos, pero a los dos días me dijo que no. Entonces me fui por un boleto de avión y me quedé sin plata en mi cuenta. Entonces conocí a Gina, y esos días tan entre aburridos y estresantes se me pasaron muy deprisa. Cuando me subí al avión pensaba como todo un continente, los Andes, Juli, Pako, Crisa,…  y casi dos años de viaje quedaban atrás. Ininterrumpido.

Datos básicos del país

Capital
Bogotá

Con este apartado pretendemos, en cada artículo, dar una información más técnica sobre el material que utilizamos, así como comentarios y trucos para hacer el viaje en bici más fácil.

Ficha técnica

Las tiendas de bicis

Colombia es posible que sea el país latinoamericano con mayor afición a los pedales. Los talleres y tiendas de bicis están repartidos por todo el país. Y el material que se encuentra, por lo general americano y de importación, se vende a unos precios que creemos son los más bajos del mundo. Si quieres comprar material, vestimenta, accesorios, etc., éste es el país indicado.

Mapa con la ruta